El reloj del Bierzo

sirena

A día de hoy, es raro que alguien no tenga un reloj de pulsera o un teléfono móvil en el que consultar la hora. Pero cuando se construyó la fábrica de Cementos Cosmos en El Bierzo, una región dedicada principalmente a la agricultura y la ganadería, los horarios venían marcados por la luz disponible, el fin del trabajo o las exigencias del estómago. La fábrica, por su parte, disponía de una enorme sirena que al final de cada turno emitía un bocinazo lo suficientemente fuerte como para escucharse desde cualquier punto de la instalación e incluso desde la cantera, que indicaba el cambio de turno para los trabajadores.

Tras décadas escuchando la puntual sirena, la región empezó a latir a su ritmo, y el mismo sonido que avisaba de un cambio de turno, servía como referencia a los agricultores para recogerse o a los ganaderos para llevar el rebaño hacia el refugio. Tanto es así, que como un agricultor de Toral comentó a Luis Arroyo, ex director de la fábrica, su buey en cuanto oía la sirena se encaminaba hacia la cuadra, dejando el trabajo que estuviese haciendo, y no se le podía convencer de lo contrario.

El pasado de la sirena es incierto, aunque entre las dos historias que más fuerza tienen existe un nexo común, que es la relación de la sirena con conflictos armados. Sin embargo unos le sitúan en Baden-Baden, en el suroeste de Alemania, y otros en la propia ciudad de León, a dónde fue cedida desde Toral para alertar a la población en caso de ataque aéreo durante la Guerra Civil.

En 1996 entró en vigor una nueva legislación medioambiental que obligó a la sirena a dejar de sonar, pero la población de la región pidió su “indulto” y a día de hoy todavía suenan los cambios de turno, eso sí, silenciando el de las seis de la mañana, para que cada uno pueda elegir con qué melodía despertarse.

90 aniversario

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